Mito Dona Cruces/ @mitodona .- Expropiar es según la Real Academia Española: “Privar a una persona de la titularidad de un bien o de un derecho, dándole a cambio una indemnización. Se efectúa por motivos de utilidad pública o interés social previstos en las leyes”.
Durante los últimos años los venezolanos nos hemos familiarizado con este término, en contra de nuestra voluntad. Y por supuesto con la acción que conlleva.
El listado de bienes que han sido expropiados por el gobierno es infinito, pero las historias que encierran estas expropiaciones son mucho más graves que los resultados nefastos de las propias acciones.
La verdad es que al conocer alguien que esté viviendo en carne propia una expropiación, quedan en segundo plano los tecnicismos. Es en la realidad humana de esta situación donde se puede palpar el impacto.
“Mi mayor preocupación son mis hijos y mi familia. Yo con mi trabajo llevo el pan a mi casa. Y cuando quede desempleado de verdad no se qué voy a hacer. Tengo muchos años en esta compañía. Este es mi hogar también”, me comenta un afectado. Sus gestos reflejan la carga que lleva a hombros.
Hay un grupo de trabajadores afectados reunidos después de realizar una marcha en protesta por la medida. A pesar del gran número de personas presentes, se puede escuchar prácticamente cada pisada que se da en el sitio. El ambiente está cargado con una mezcla de dignidad, incredulidad y, aunque nadie lo diga en voz alta, resignación.
Lo que les impide hacer eso, resignarse, es la idea de no poder enfrentar la realidad que viven en sus casas. “¿Cómo llego a mi casa y le veo la cara a mis hijos? ¿Cómo les digo que no puedo pagarles el colegio? ¿la comida?” nos dice con los ojos llenos de lágrimas otro trabajador afectado, pero sin dejar escapar ninguna. “Pero no me resigno. Yo tengo la esperanza de que esto se va a arreglar” y se obliga a hacer su mejor imitación de una sonrisa. Suena dramático, pero sentirlo tan cercano lo lleva a otro nivel. Es trágico.

Mito, yo vivi la situación de Tensión en la Planta procesadora de arroz en Calabozo. Como tu dices, hay que estar allí para sentir lo que sienten esos compañeros de Polar. Sencillamente INDIGNACION y FRUSTRACHERA!
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